Laleft

"Soy enemigo de mí y soy amigo de lo que he soñado que soy".

domingo, marzo 20, 2005

 
“Ella me quiso tanto que aun sigo enamorado”. Hoy encontré una agenda vieja, de 1996. Nunca usé realmente una agenda. Por eso es curioso ver las anotaciones que tiene, pocas, espaciadas. Por ejemplo, del 22 de marzo, “Resultados-Marión”. Estábamos esperando los resultados de un análisis de VIH al que se había sometido Marión. Ella pensaba que su pareja anterior podría haber tenido el virus. Recuerdo que, como adolescente que éramos, ella arrastraba la idea de estar infectada y todos sus planes estaban medidos con esa regla de tener los días contados; y yo repetía cada vez más obstinado que jamás la dejaría sola, aunque aquello fuera lo que me pedía. Finalmente el resultado dio negativo. Nos besamos mucho, pero sin euforia.
Esa agenda de 1996 es la evidente constancia que siempre tuve en intentar organizarme. Que nunca logré. Sospecho que lo hacía a propósito. Hacía anotaciones sobre ciertos acontecimientos que tenían algo que ver con mi madurez, tales como ir a la universidad a conocer las carreras, pero jamás volvía a ver aquella nota sino hasta dos o tres días después de la fecha establecida.
Un apunte del 4 de junio dice “Ir a Plaza Francia-colgante corazón”. Es un colgante tallado en hueso con forma de corazón que le regalé a Marión, no recuerdo bien por qué motivo. Supongo que porque lo vi y me gustó. Para su cumpleaños faltaba mucho. Yo tenía -y sigo teniendo- la costumbre de hacer regalos en cualquier momento y sin motivo alguno. Y aunque aquello debería ser una fuerte razón para guarecerlos en la memoria, a veces pienso que las personas tienen que asociar los obsequios con algún día especial para recordarlos especialmente. Me pasa que me preocupo por los regalos que hice, porque fueron muy sentidos, y quisiera que vuelvan a mí antes que terminen huérfanos en alguna mudanza.
En la página del 28 de agosto hay escrito el principio de un cuento. Las agendas me sirvieron más para escribir poemas y narraciones que para recordarme nada. El párrafo dice, con letra apurada:

El hombre calló. No pudo mirarla y calló. Y cayó. Y calló. Cayó en la tumba de los que esperan la resurrección, el perdón. Desde la fosa salían plegarias y la gente las oía con aire de enfado [aquí estaba tachada la palabra “desilusión”]. El hombre leía las paredes de la tumba, que estaban escritas con lágrimas, y hablaban de que los cambios son los disfraces para engañar a la muerte. Pero cayó en la tumba y después de rogar, calló, esperando que ella le

Y ahí termina, irónicamente, sin final. Todo hace pensar que había discutido con Marión.
16 de noviembre, “Te amo”, la última anotación de aquella obsoleta agenda.

Comentarios: Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]





<< Página Principal

Archivos

febrero 2005   marzo 2005   abril 2005   mayo 2005   junio 2005   julio 2005   septiembre 2005   enero 2006   febrero 2006   noviembre 2017   abril 2018  

This page is powered by Blogger. Isn't yours?

Suscribirse a Entradas [Atom]