"Soy enemigo de mí y soy amigo de lo que he soñado que soy".
Después del trabajo pasé por una agencia de viajes. Me agarró antojo de turismo.
Cuando me abordan esos impulsos, poco más ligados al sentimentalismo que a la aventura, sospecho. Creo que son marcas de Marión, legados secretos para corazones endebles, inercias que propagan los fuertes de espíritu, quienes llegan a vivir más que sus almas; los que con pasiones radicales estimulan las esperanzas secas de otros.
Pero tales impulsos se dejan consumir en el apuro por su propia refulgencia, emborrachados de oxígeno, como brasas diminutas que se lanzan desde las hogueras, brillando ávidamente, contrastándolo todo. Mas, enlutándose en caída, tal que formen un sólo llano con el frío y mórbido silencio de la tierra.
Marión es hoguera, es fuego que se nutre de su rastro de cenizas, es remoto resplandor que no se apaga.